No suele ser un buen día cuando tu contador dice algo que te provoca un escalofrío. Sin embargo, esto no tenía nada que ver con mis finanzas y sí con una decisión que habían tomado las grandes empresas tecnológicas y que, de alguna manera, yo no había notado.
“¡Es increíblemente molesto!”, exclamó cuando le pregunté sobre su uso de la IA generativa, algo que últimamente le pregunto a todo el mundo. “En todo lo que hago, incluso al escribir un correo electrónico, la IA no deja de molestarme y ofrecerme ayuda. Tengo que hacer un esfuerzo consciente para decir no”.
Como alguien que ha hecho carrera tratando de comprender cómo pensamos y nos comportamos, empecé a imaginar lo que esto significaba para el cerebro de cualquiera que utilice un computador o un teléfono —es decir, básicamente todo el mundo— y mi cerebro empezó a explotar.
Resulta que las personas que construyen nuestro mundo digital tomaron silenciosamente, alrededor de 2024, la decisión de hacer que la inteligencia artificial generativa ofreciera ayuda en casi todas las tareas, en lugar de permitir que los usuarios buscaran apoyo cuando lo necesitaran. Ya sea que estés escribiendo un correo electrónico, preparando una presentación, creando una imagen o desarrollando una estrategia crítica para el negocio, la IA generativa aparece y te anima a utilizarla para que no tengas que pensar tanto. En pocas palabras, esto significa que hoy los seres humanos necesitamos hacer un esfuerzo mental para decirle “no” a una IA generativa que se ofrece a pensar por nosotros.
El efecto predeterminado
En las ciencias del comportamiento, esto se relaciona con algo llamado “efecto predeterminado”. Se refiere a nuestra tendencia, cuando se nos presenta una elección, a mantener pasivamente una opción preseleccionada en lugar de cambiar activamente a otra.
El efecto predeterminado es un fenómeno poderoso en la ciencia de la toma de decisiones. Una vez que sabes que las personas tienden a quedarse con cualquier opción que se haya elegido por ellas, puedes diseñar una arquitectura de decisiones que requiera que las personas opten por salir, en lugar de optar por entrar. (Por esta razón, me gusta referirme al efecto predeterminado como el “efecto opt-out”).
¿Quieres maximizar tu tasa de suscripciones? Cobra automáticamente a las tarjetas de crédito de las personas cada mes, a menos que hagan algo para cancelar. ¿Quieres que las personas donen sus órganos? Haz que sea una opción predeterminada en el formulario para su licencia de conducir, en lugar de exigirles que se registren. Dado que las personas prefieren no hacer nada antes que hacer algo, la adopción de prácticamente cualquier opción aumenta radicalmente con esta estrategia de opt-out. De hecho, en el caso de la donación de órganos, el 90 % de las personas donan en países donde deben optar por no hacerlo, frente a alrededor del 10 % cuando necesitan registrarse para donar.
Si eres más o menos de mi generación, probablemente recuerdes el documental de 2004 “Super Size Me”, del fallecido Morgan Spurlock. A partir de 1978, los cajeros de McDonald’s debían preguntar a la mayoría de los clientes: “¿Quieres agrandar tu pedido?”. La mayoría de las veces, cuando se les preguntaba si querían hacerlo, aceptaban.
La ciencia detrás de por qué esto funciona tan bien es sencilla. No tener que pensar es una de las cosas más atractivas y deliciosas que podemos ofrecerle al cerebro humano. Formado a lo largo de milenios en los que los recursos metabólicos eran escasos, nuestro cerebro activa potentes redes de recompensa cada vez que detectamos una oportunidad de alcanzar un objetivo utilizando menos recursos físicos o mentales. ¿Una motosierra en lugar de un hacha? Brillante. ¿Una aspiradora en lugar de una escoba? Fantástico. ¿Una IA en lugar de tu cerebro? Bueno, obviamente.
El esfuerzo cognitivo necesario para optar por salir es solo una de las razones por las que funciona el efecto predeterminado. La segunda es que también asumimos que recibir ayuda de la IA generativa es la decisión correcta. Después de todo, probablemente tu organización te ha estado diciendo que utilices la IA generativa tanto como sea posible. La tercera razón es la creencia de que utilizar IA generativa en lugar de pensar es la norma social, y seguir las normas sociales es uno de los principales impulsores del comportamiento humano.
Las empresas de comida rápida aprendieron a ganar miles de millones adicionales aprovechando el deseo natural del cerebro de conservar recursos, y las empresas tecnológicas actuales están haciendo lo mismo. Hoy, en este preciso momento, están impulsando a cualquier persona que utilice tecnología, en cualquier lugar, a pensar menos por sí misma. Esa es ahora la opción fácil. La opción más difícil —la que requiere esfuerzo— es pensar por ti mismo.
El problema con esta estrategia, al menos para el bienestar del público en general, es que funciona. En el mundo de la comida rápida, las personas terminan comiendo mucho más. En el mundo digital, las personas terminan pensando mucho menos.
La IA puede erosionar nuestras habilidades
Quizás te estés preguntando por qué esto es un problema. ¿Acaso utilizar una calculadora para evitar que tu cerebro tenga que hacer cálculos complejos no te ayuda a resolver problemas de mayor nivel? ¿Y no podemos simplemente determinar cuándo deberíamos y cuándo no deberíamos utilizar estas herramientas, y utilizarlas precisamente en los momentos adecuados?
La investigación muestra que es un poco más complicado de lo que podrías pensar. Múltiples estudios muestran que delegar una habilidad en la IA hace que perdamos esa habilidad con una rapidez sorprendente. Un estudio mostró que, después de incorporar herramientas de IA a los flujos de trabajo de los médicos, su capacidad para detectar indicadores específicos de salud disminuyó significativamente. Y en otro, las habilidades de programación disminuyeron una vez que las personas comenzaron a recibir ayuda de la IA, incluso entre quienes tenían años de experiencia.
Una forma de entender esto es como un problema de motivación. Imagina que normalmente tardas tres horas en preparar una presentación y luego encuentras una manera de hacerlo en 10 segundos. Después de unas semanas haciéndolo en 10 segundos, volver a las tres horas resulta insoportable. Tu cerebro se rebela. Envía una alerta de que algo está mal, de que existe una forma en la que podrías estar conservando recursos. El resultado en el cerebro es similar a experimentar dolor real, en el sentido de que resulta increíblemente difícil concentrarse. Además de resultar tan doloroso, durante esas semanas tu cerebro comenzó el proceso de reciclar las vías neuronales que habías construido para realizar ese proceso de varias horas. Estaba tan seguro de que esa habilidad no sería necesaria en el futuro que comenzó a eliminar esas vías de tus redes.
Esto está ocurriendo en cuestión de semanas o meses, incluso con habilidades desarrolladas durante décadas. Tener un alto nivel de dominio en una tarea no nos protege tanto como imaginamos.
Aquí es donde la situación realmente empieza a dar miedo. Un estudio reciente de Boston Consulting Group exploró qué tipos de habilidades tenemos más probabilidades de perder cuando comenzamos a utilizar IA generativa de manera generalizada. ¿Las dos habilidades que corren mayor riesgo? “Juicio y toma de decisiones” y “comprensión y formulación de problemas”. Estas son exactamente las habilidades necesarias para decidir si debemos utilizar IA generativa o no, y para determinar si lo que produce es correcto. El resultado es un uso cada vez mayor de estas herramientas para cualquier cosa y para todo. Es una rápida espiral descendente.
Esto significa que utilizar mucho la IA generativa nos hace peores a la hora de discernir cuándo y cómo utilizarla. Cuando combinamos esto con el hecho de que la ayuda de la IA generativa se ofrece automáticamente en casi todas las tareas digitales, terminamos en una pendiente resbaladiza hacia utilizarla para todo. ¿Por qué importa esto? Consideremos un segundo estudio de 2026 realizado con 3.000 personas. En resumen, las personas respondieron preguntas con o sin ayuda de IA. Quienes utilizaron IA para responder dijeron “no sé” solo el 3 % de las veces, frente al 44 % entre quienes no utilizaron IA. En otras palabras, las personas sentían que tenían respuestas a sus preguntas casi todo el tiempo. Al mismo tiempo, la confianza en lo que respondían utilizando IA aumentó del 30 % al 76 %. Pero aquí viene lo importante: al utilizar IA, el porcentaje de respuestas realmente correctas cayó del 27 % al 9 %.
Piensa en eso por un momento… Toma una falta de curiosidad, mézclala con algo de falsa confianza y luego añade el hecho de estar equivocado, muchas veces. Ahora multiplica esto por alrededor de 6.000 millones de personas que utilizan cada vez más esta herramienta para todo. Quizás ahora entiendas por qué mi cerebro empezó a derretirse mientras hablaba con mi contador.
Utilizar IA generativa para algunas tareas aquí y allá no es un gran problema. El desafío es depender de ella de manera constante. O, como señaló el estudio anterior: “A medida que las sugerencias de la IA se vuelven omnipresentes y no solicitadas, es posible que no solo afecten la precisión de las respuestas; incluso podrían alterar el umbral metacognitivo a partir del cual las personas deciden si saben lo suficiente como para responder”.
Y recuerda: una de las habilidades que estamos perdiendo con mayor rapidez es el juicio, lo que incluye saber cómo utilizar mejor esta misma tecnología. En resumen, las empresas tecnológicas están ofreciéndose a agrandar cada bocado de cada comida, para cada persona, durante todo el día, todos los días. Y las personas se lo están devorando.
Necesitamos que el consumo saludable de IA sea la opción predeterminada
No estoy sugiriendo que eliminemos la IA generativa de nuestra dieta. Existen formas saludables de consumirla. Sin embargo, no podemos dejar en manos de las grandes empresas tecnológicas la responsabilidad de hacer lo correcto e impulsarnos hacia un uso saludable. No lo hicieron con las redes sociales, que afectaron negativamente la salud mental de toda una generación, y probablemente tampoco lo harán ahora con esta tecnología.
Propongo que esta responsabilidad recaiga en quienes supervisan los ecosistemas digitales de nuestras escuelas y organizaciones —directores y administradores, CEOs, COOs, CTOs y CHROs— para hacer lo correcto.
Lo primero es que necesitamos dejar de fomentar el uso más amplio posible de estas tecnologías y, en cambio, promover un uso más reflexivo, en el que los seres humanos sigan siendo quienes piensan. Esto es “human in the lead”, donde la inteligencia artificial es una herramienta que nos ayuda a pensar mejor. Como parte de esto, necesitamos enseñar a las personas a utilizar bien estas herramientas, lo que implica hacer un trabajo cognitivo más exigente. La misión de las áreas de Recursos Humanos y Talento pasa entonces a ser hacer que pensar profundamente sea más fácil, en lugar de convertir el no pensar en la opción predeterminada.
En segundo lugar, necesitamos desactivar, a nivel de sistema, la pregunta automática —“¿Quieres agrandar tu pedido?”— dentro de los ecosistemas digitales de nuestras organizaciones y escuelas, de modo que las personas tengan que tomar la decisión consciente de pedir ayuda a la IA. Si las personas tienen que elegir utilizar IA generativa para ese correo, documento o presentación, ese momento de elección les da el espacio necesario para tomar la decisión correcta. La opción predeterminada debería ser pensar bien, no delegar el pensamiento.
La IA generativa es como cuando los automóviles reemplazaron a los caballos. Ahora todos vamos más rápido. Dejar que los niños conduzcan un automóvil no es una gran idea, como tampoco lo es permitir que los automóviles circulen tan rápido como sea posible. Todavía estamos a tiempo de establecer algunas reglas de tránsito y límites de velocidad. McDonald’s dejó de ofrecer la opción “supersize” cuando se estrenó el documental, aproximadamente 20 años después de haber comenzado con esa práctica.
Alguien, en algún lugar de esa organización, tomó la decisión de que, aunque fuera excelente para las ganancias, no era lo correcto. No estoy seguro de que queramos esperar dos décadas para que las empresas tecnológicas actuales decidan lo mismo.
Este artículo, escrito por David Rock, fue publicado originalmente en Fast Company bajo el título “AI is fast food for the brain”. Esta versión ha sido traducida y adaptada al español para NeuroLeadership Institute Latinoamérica.


