Para crear nuevas recetas o diseñar su próxima rutina de entrenamiento, la inteligencia artificial puede generar una solución funcional en cuestión de segundos. Sin embargo, recientes investigaciones están mostrando que, cuando se le asigna una tarea creativa —como escribir una historia corta o idear una serie de artículos—, su motor de predicción basado en lenguaje tiende a volver las ideas más genéricas y menos interesantes.
También estamos observando otra consecuencia de la eficiencia de la IA: tiende a llenar el tiempo que liberamos en nuestro día a día. En lugar de utilizar ese espacio para reflexionar sobre desafíos complejos y generar nuevos insights, las personas suelen asumir más tareas. El resultado es paradójico: la IA termina haciendo el trabajo más demandante, no menos, como usualmente se plantea.
La neurociencia puede ayudar a cerrar esta brecha entre la necesidad de ser más creativos y la falta de tiempo para lograrlo. En un episodio reciente de Your Brain at Work: Live,, la Dra. Indre Viskontas, profesora asociada de psicología en la Universidad de San Francisco, conversó con el Dr. David Rock sobre la neurociencia de la creatividad y cómo llevar estos insights a la vida laboral cotidiana.
A continuación, tres estrategias clave, todas basadas en trabajar con la IA —y no en contra de ella—, en línea con un enfoque de inteligencia ampliada, donde la inteligencia humana y la inteligencia artificial se integran para potenciar el pensamiento en lugar de reemplazarlo.
1. Genere espacios de calma para facilitar los insights
Las buenas ideas no aparecen bajo demanda, cuando decidimos tenerlas. Nos llegan como rayos, o como manzanas que caen sobre nuestra cabeza en momentos “Eureka”. Para llegar a estos momentos de insight, la neurociencia muestra que necesitamos permitir que el cerebro tenga paz y silencio, como cuando estamos en la ducha o dando un paseo.
En el trabajo, las agendas de las personas son tan ocupadas que casi nunca tienen tiempo de calma; sus cerebros están siempre en línea. Para ayudar a su equipo a ser más creativo, es necesario integrar espacios de quietud dentro de los sistemas de trabajo cotidiano.
Pruebe con “lunes con reuniones mínimas” (o mañanas con reuniones mínimas), de modo que las personas puedan comenzar la semana de forma gradual y tener la mayor cantidad de tiempo de calma posible para generar nuevas ideas que puedan implementar durante la semana. Nuestra investigación ha demostrado que las personas son más creativas fuera del trabajo y en la mañana.
2. Replantee el brainstorming grupal
La evidencia es clara: el brainstorming tradicional no funciona.
Reunir a un grupo y pedirle ideas innovadoras suele derivar en versiones recicladas de ideas existentes o en una inclinación hacia las voces más dominantes. De hecho, se ha demostrado consistentemente que el brainstorming reduce la creatividad original en comparación con el trabajo individual.
En cambio, como señala la Dra. Viskontas, la neurociencia de la creatividad sugiere que las personas se reúnan primero para acordar el problema y luego se dispersen para pensar en la idea de manera individual. Después de contar con un tiempo de reflexión en solitario, es recién entonces cuando deberían volver a reunirse para compartir sus ideas y ponerlas a prueba en conjunto.
Este enfoque minimiza los riesgos del “pensamiento colectivo”, donde una opinión segura o dominante termina convirtiéndose en la idea aceptada por el grupo, a veces con efectos negativos. En su lugar, las personas pueden generar sus propias ideas sin la influencia de sesgos activados por el grupo, haciendo que el proceso creativo sea más inclusivo y, en última instancia, más efectivo.
3. Use la IA para expandir su pensamiento (no para reemplazarlo)
La IA fue diseñada para resolver nuestros problemas y ayudarnos a pensar menos, pero la investigación muestra que sus ideas creativas son, en realidad, una forma de pensamiento colectivo a gran escala. (Recordemos que los modelos de lenguaje son, en esencia, una agregación de ideas del mundo, suavizadas hacia un consenso.)
Por lo tanto, no deberíamos depender de las “nuevas” ideas de la IA, porque no son realmente nuevas. En cambio, deberíamos mantenernos en control y usar la IA para desafiar nuestro pensamiento, para llevarlo más lejos y para salir de nuestros patrones utilizando nuestro propio criterio.
Lo que obtenemos a través de este proceso tiene muchas más probabilidades de ser innovador que aquello que simplemente le pedimos a la IA que produzca por nosotros. En este sentido, la IA puede actuar como un complemento al pensamiento humano, en línea con el principio de inteligencia ampliada.
El hilo conductor de todas estas estrategias es que la creatividad suele ser contraintuitiva; va en contra de nuestras intuiciones sobre lo que el cerebro es capaz de hacer y sobre el rol que debería cumplir la IA.
Sin embargo, al comprender cómo funciona el cerebro, podemos diseñar nuestras jornadas de trabajo para apoyar la imaginación y la creatividad, incorporando espacios de reflexión profunda que hacen posible la innovación. Aunque podemos usar la IA para potenciar nuestro pensamiento, seguimos siendo nosotros quienes decidimos hacia dónde dirigirlo.
Este contenido forma parte de las publicaciones del NeuroLeadership Institute y ha sido adaptado al contexto de Latinoamérica por el equipo regional. Artículo original


