La habilidad que distingue a quienes aprenden a pensar mejor con IA

Autor: Dr. David Rock, Ph.D. & Chris Weller

Después de tres años de adopción generalizada de la IA generativa, nuestros datos revelan que solo un pequeño porcentaje de los colaboradores en Estados Unidos usa la IA de una manera que mejora su pensamiento. La mayoría de los trabajadores resiste la tecnología por completo o la utiliza de forma pasiva. Un pequeño grupo —llamémoslos usuarios fluidos— hace algo fundamentalmente distinto.

Entonces, ¿qué los diferencia?

No es el coeficiente intelectual. No es una habilidad técnica. Cuando preguntamos a las personas cómo están utilizando la IA para pensar mejor, sus respuestas convergen en una habilidad específica que rechaza pedirle a la IA respuestas directas para problemas complejos. Estos usuarios fluidos están pensando sobre su propio pensamiento y asignan a la IA un rol de apoyo, no de guía.

Lo que están describiendo es el acto de la metacognición.

La habilidad que permite un uso más inteligente de la IA

La metacognición es un concepto fundamental en psicología que involucra una capacidad distintivamente humana: reflexionar sobre nuestro propio flujo de pensamientos, analizarlos, reconsiderar supuestos e incorporar nuevas ideas para evolucionar nuestro modelo mental.

Cuando nos preguntamos: “¿Qué me estoy perdiendo?” o “¿Cuál es otra forma de mirar este problema?”, estamos realizando actos metacognitivos.

Pocas personas practican la metacognición de manera deliberada, lo que hace que los usuarios fluidos de IA parezcan casi mágicos para sus colegas, del mismo modo en que un políglota parece desenvolverse con facilidad frente a alguien que solo habla un idioma.

Pero aquí está la buena noticia: esta habilidad puede aprenderse. Con los principios correctos y suficiente práctica, cualquiera puede usar la IA para pensar mejor.

Según nuestra investigación, los usuarios fluidos de IA representan entre el 5% y el 30% de los empleados en una organización determinada, dependiendo de la industria y del rol. No le piden al chatbot que genere un plan para luego presentarlo como propio. En cambio, permanecen al volante e inician conversaciones con prompts como este:

He creado un plan de marketing y necesito ayuda para refinarlo. Estoy bastante seguro de que debe dirigirse a profesionales de media carrera entre 28 y 45 años, pero podría estar pasando algo por alto debido a mis sesgos inconscientes sobre el tema. Sin proporcionar sugerencias específicas, ¿puedes ayudarme a pensar en mis distintas opciones para mejorar el plan adjunto?

Aquí están ocurriendo varias cosas. Lo más importante es notar que la solicitud (prompt) no entrega el control a la IA. En este ejemplo, el usuario le dice explícitamente a la IA que no ofrezca sugerencias, señalando que pretende seguir siendo la autoridad intelectual en la conversación.

Tres hábitos metacognitivos que comparten los usuarios fluidos

Primero, el prompt demuestra humildad. El usuario reconoce que no tiene todas las respuestas, utilizando ciertas expresiones cautelosas, como “estoy bastante seguro” y “podría estar pasando algo por alto”. Estas expresiones reflejan una mentalidad de crecimiento, es decir, la creencia de que las capacidades pueden desarrollarse con el tiempo. Sin ella, el ego permanece en modo autoprotección y el aprendizaje se detiene.

Segundo, el prompt muestra flexibilidad. El usuario reconoce que su punto de vista no es el único válido. Con un poco más de exploración, otras opciones pueden aparecer, ampliando su perspectiva sobre el tema. Desde una mirada neurocientífica, la flexibilidad cognitiva en el uso de IA nos permite ser más adaptativos y abiertos a múltiples perspectivas. Se cree que la flexibilidad cognitiva involucra una amplia red de regiones cerebrales asociadas al control cognitivo, incluidas áreas de la corteza prefrontal.

Tercero, el prompt muestra al usuario asumiendo un rol activo en la búsqueda de nuevas perspectivas: una forma de vigilancia. El usuario prioriza acertar por sobre simplemente sentirse en lo correcto.

El sesgo es un saboteador silencioso. Si no hacemos una pausa para cuestionar nuestros puntos ciegos, corremos el riesgo de que la IA simplemente vuelva a empaquetar supuestos defectuosos con una nueva apariencia. Además, un sentido de vigilancia es crucial para mitigar cualquier sesgo que pueda estar presente en las respuestas de la IA, incluidos los sesgos incorporados en la propia IA.

El hallazgo más alentador de nuestra investigación es este: la metacognición no es un talento innato, es una habilidad entrenable. Cuanto más practiques deliberadamente pensar sobre tu propio pensamiento, más natural se volverá, y más probable será que termines cada conversación con IA pensando mejor que cuando comenzaste.

En una era en la que muchas personas temen que la IA las vuelva menos reflexivas, los usuarios fluidos están demostrando silenciosamente lo contrario.

Este artículo fue publicado originalmente en Fortune y presentamos aquí una versión traducida al español para la comunidad de NeuroLeadership Institute en Latinoamérica.

Te interesa conocer más sobre cómo aplicar la neurociencia en tu organización, escríbenos para enviarte información.

Categorías
Destacados
Topic
Síguenos
Selecciona la moneda